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El terreno en el huerto


El terreno mejor para un huerto es aquel que se presenta mullido, transpirante y que mantiene la humedad.
Las sustancias nutritivas necesarias para las plantas son suministradas normalmente por el terreno.
Si carece de alguna sustancia se obtendrá menor producción o, en algunos casos, menor crecimiento de algunas especies. Si el terreno carece de alguna sustancia nutritiva es posible remediarlo añadiéndole algunos abonos.
Para tener una idea de la riqueza en sales minerales de un terreno es suficiente con observar la cantidad y el tipo de vegetación espontánea que allí crece.
Si ha sido cultivado precedentemente, ésta es una garantía para el éxito de nuestro huerto.

Ecosistema
Los vegetales no viven aislados sino en un ecosistema: un ambiente que permite la vida de muchos otros seres vivientes. Entre éstos algunos, mucho menos de cuanto se cree, son enemigos de las plantas, muchos conviven con ellas sin dañarlas, otros favorecen su crecimiento.
La presencia de organismos amigos es un factor importante a considerar y su abundancia es índice de fertilidad.
Otro elemento para la fertilidad es la riqueza de humus del terreno (el humus está constituido por sustancias orgánicas, o sea restos de materias animales y vegetales en descomposición). Su presencia se puede detectar observando el color del suelo:  si es rico de sustancia orgánica tiene un color marrón-negruzco.
Un terreno rico de humus es un terreno rico de microorganismos que transforman las sustancias orgánicas que llegan hasta el mismo terreno. Un terreno con poco humus tiende a ser estéril.
En cualquier caso se puede mejorar notablemente la situación aportando sustancia orgánica bajo forma de basura o de otros fertilizantes de origen biológica.

La preparación del terreno
El terreno va cuidadosamente decorticado para quitarle el manto de hierba. Se debe tener cuidado en esta fase, de eliminar lo más posible las raíces dañinas que penetran profundamente en el terreno.
Las operaciones de preparación se efectúan en otoño o en invierno (pero no cuando hiela).
Elimínense las piedras más gruesas y cualquier otro cuerpo extraño efectuando después una profunda cavadura.
Si es posible, por lo menos para la primera instalación, convendría arar el terreno.

Corregir el terreno
Si el terreno  está pesado, duro y compacto, añadir arena para hacerlo más mullido y con mayor drenaje.
Si en cambio es seco y arenoso, incorporarle apropiados compuestos orgánicos de jardín, mezclados con turba.
Dejar pasar todo el invierno con los terrones bien expuestos y, al inicio de la primavera, practicar  una cuidadosa aradura (con el motocultivador que hace ahorrar tiempo y esfuerzo). Durante esta fase se puede enriquecer el terreno para prepararlo al cultivo.



 



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